jueves, 26 de mayo de 2016

Cuando la libertad es real, tiene un sólo nombre




Después de años en que pensé que nunca haría falta tomar una decisión así, determiné divorciarme.

Sí, aunque a veces hasta para mí siento que es algo rarísimo, lo requiero. 

Después de 20 años, necesito terminar el vínculo que me une a un personaje que ahora es totalmente ajeno a mí. Siempre negué el hecho mismo. No lo sentía necesario. Me era cómodo el estado. Éramos tan parte el uno del otro, que disolver el título me parecía completamente innecesario y casi estúpido. ¿Cómo podría querer dejar de ser parte de algo que me hacía tan bien? Claro, él era una persona en la que podía confiar, compartir, sentirme cómoda y libre a pesar de toda la mierda que nos envolvía y la historia no tan feliz que escribimos. Mi vida [siendo bien honesta], giraba en torno a lo que nosotros manteníamos, a pesar de no ser una pareja. 

Mi relación con él siempre permitió excusarme en cuanta situación me quisiera cambiar el panorama si así surgiera. Era perfecto, nadie podría cuestionarlo y si lo hacía, me importaba realmente un pico. "¡¿Qué se imaginan, hueón?!" -Era lo que más me repetía cada vez que eso pasaba-.

Si en algún momento intenté tener una pareja, siempre hubo problemas por su existencia. Nunca nadie entendió lo nuestro. Los berrinches cuando llegaban las fechas de "podríamos hacer esto el 18" y yo mencionaba inmediatamente que eso no sería posible, porque mis fechas, [esas, las importantes] yo ya las tenía reservadas para nosotros con años de antelación, por lo mismo, eran comprensibles los alegatos. Lógico. Nadie quiere estar con alguien y que ese alguien no quiera estar contigo. 

Y así me fui perdiendo. Me fui perdiendo momentos y oportunidades de cambio, por eso que yo tenía con él. Hasta que de repente me vi aquí, viviendo sola la vida y sosteniendo lo insostenible por nada.

Prometo que ahora no entiendo por qué fui capaz de pensar tantos años que estar casada era tan bueno para mí y desechar por completo la posibilidad de anularme [cuando eso era posible] o divorciarme, ahora, que la institución ya lleva bastantes años. 

Y aquí me encuentro, hablando con abogados y juntando papeles para decir de una buena vez, "ADIÓS", a alguien que no necesito ni quiero tener a mi lado. 

Espero que todo salga bien y que nuestras vidas puedan encontrar lo que merecemos en el más breve período de tiempo posible. 

Ahora sí podré decir que soy libre y podré buscar el camino de la felicidad sin que nadie se interponga. Y créanme, ya estoy en eso.




[Adiós, Juan Pablo].








domingo, 22 de mayo de 2016

PERENTORIEDAD




Necesito trabajar con carácter de urgencia.




            [Y no tiene nada que ver con necesidad de dinero]






viernes, 13 de mayo de 2016